EVA CUNILL
Arte visual
Su pintura es el fruto de momentos puntuales, situaciones inquietantes, pero aunque habitualmente son temporales, dejan su impronta en formato de series como las de: "Escrituras", "Blues", "Concepto", "Ciudades invisibles"
Convierte la pintura en frecuencia, ritmo y emoción. Cada trazo vibra como una onda sonora que traduce la música, el dolor o la urgencia en pulsaciones visuales. El gesto no busca la forma, sino la resonancia: la energía que se expande más allá del lienzo.
El color —rojo, blanco, naranja— se comporta como materia viva. Fluye, se desborda, sangra, se detiene. En su recorrido aparecen palabras, signos y repeticiones que funcionan como latidos o llamadas de auxilio. El lenguaje pictórico se convierte en lenguaje humano. A través del gesto y la textura, explora los límites entre sonido, emoción y materia. Su pintura late, respira y transmite, como si cada obra fuera un compás de vida, una vibración que permanece suspendida en el aire.







